Ayer, durante una primera visita con unos clientes interesados en vender su piso, viví una experiencia peculiar que me dejó varias lecciones importantes.
David y su esposa quieren vender su piso – un lugar espectacular, dicho sea de paso – para dar un salto en su calidad de vida.
Su objetivo es mudarse a una casa independiente donde no tengan que subir escaleras, algo que valoran profundamente.
Tras una charla inicial, descubrí que ya habían recibido la visita de varios asesores inmobiliarios, cada uno con diferentes honorarios y estrategias de venta.
Fue entonces cuando mi enfoque cambió. Dejé de intentar vender mis servicios y seguí mi intuición:
—¿Y por qué no están trabajando ya con alguno de ellos?
+Estamos valorando condiciones de venta.
—Las mías probablemente no sean muy diferentes de las que ya te han ofrecido mis colegas.
+Sí, básicamente todos nos han dicho lo mismo.
Aquí llegó el momento decisivo. En lugar de intentar convencerlos, les di un consejo genuino:
—David, si crees que puedes gestionar las llamadas, organizar visitas, filtrar compradores, negociar y cerrar la operación hasta llegar a Notaría, mi recomendación es que vendas el piso por tu cuenta. Así te ahorrarás la comisión y ganarás más dinero.
David se sorprendió un poco.
Me dijo que era el primero que les daba este consejo. De hecho, me confesó que otros asesores habían bajado sus honorarios o inflado el precio de venta. Fue entonces cuando añadí:
—El precio lo define el mercado, no los asesores. Si alguien no defiende su comisión, probablemente tampoco valore su trabajo.
La conversación fluía de forma honesta, y terminamos el encuentro con un recorrido por su piso. Creo que el punto de inflexión fue mi consejo de venderlo ellos mismos. Por supuesto, también les hice ver todo lo que implica gestionar una venta por cuenta propia y la razón por la que los asesores inmobiliarios somos tan necesarios.
La próxima semana nos reuniremos para analizar su situación financiera, valorar el precio de venta de su piso y comenzar a buscar su nueva casa.
Lo que aprendí de esta experiencia
Confía en tu intuición: Siempre, lo mejor que puedes hacer es escuchar y adaptar tu enfoque.
No vendas por vender: Un consejo honesto puede ser más persuasivo que cualquier discurso preparado.
Cada cliente es único: No hay una fórmula mágica; cada caso requiere flexibilidad y empatía.
En el mundo inmobiliario, las conexiones humanas son la clave para construir relaciones duraderas y, al final, conseguir resultados.
Propiedad destacada 🏠.
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